Como buen blog con muchas (muchísimas) opciones de ser abandonado tras la euforia inicial, es en esta presentación donde la ambigüedad debe dejarse sentir. No sé para qué lo quiero, pero lo quiero (se ruega a los sociólogos que no se reclinen y pongan sus manos tras la nuca, satisfechos con la explicación consumista, porque no es así: consumismo negacionista me gusta más). Puedo plagiar a mi buen amigo Pepo, perro verde donde los haya, y encontrar una excusa – obligación a la escritura. Eso también me gusta, mis empáticos nuevos lectores comprenderán en este punto lo rápido (a veces tardo horas) que convierto un folio en blanco en un folio tachado.
Llevo un rato teniendo muy presente a Kafka. El verano que cumplí los 18 años fueron Kafka, Tolstoi y Hesse, en dosis únicas. Hay dos datos anecdóticos en la vida de Franz que tengo muy presente, y cada vez que tengo ocasión, los cuento: invariablemente, escribía por las noches, con una estricta adecuación al horario de trabajo en la compañía de seguros que tan desgraciado le hacía. Y, cuando se estaba muriendo de tuberculosis, pidió a su amante y a su mejor amigo que quemaran sus escritos, hecho que llevó a cabo ella, pero no el amigo. Siempre me dio pena la obediente novia. También rabia, pero sobre todo pena.
Acabo de encontrarle un sentido nuevo al blog, y es soltar temas, dejarlos flotando, y que ustedes sean muy 2.0 y comenten los hilos que les interesen. Y tampoco veo mal que esos temas sean reflexiones sin venir a cuento como esta de Kafka.