El primer mamut

Para mí, un mamut es un animal simpático, grandote y bueno, amigo del cavernícola Gruñón en Las aventuras de Gruñón y el mamut peludo, de Barco de Vapor. Esta fue la percepción que tuve, con seis o siete años, y por ser la primera, permanece ahí, imperturbable: aunque no aparezca en el pensamiento de manera explícita, ni siquiera clara, un mamut es un concepto divertido. Seguramente, en las profundidades formateadas (no borradas) de la psique, la palabra mamut provoque una minúscula descarga eléctrica que recorra sectores felices. La colección del Barco de Vapor tenía, ahora lo considero así, la capacidad de ilusionar con “lo que te quedaba por andar”: la colecciones se dividían, creo recordar, en tres gamas de distinto color en función de la edad del lector. Así, los más infantiles eran de portada azul, con ilustraciones y letras enormes, seguidos por las naranjas y las rojas, que debían ser más juveniles (a partir de 12 años). Además del mamut, estaba Aniceto Vencecanguelos, un libro del que no recuerdo casi nada, salvo que fue un tiempo mi preferido. Y Gran-Lobo-Salvaje, posiblemente el primer libro que me hizo llorar (se muere un perrito, de viejo).

Las aventuras de Gruñón y el mamut peludoAniceto VencecanguelosGran-Lobo-Salvaje

Me gusta insistir en la suerte que hemos tenido mis hermanos y yo, desde niños, por contar en casa desde siempre con una biblioteca tan buena. Tanto que hoy me sigue resultando enorme y llena de milagros: Borges, Cortázar y Hemingway, por ejemplo, llevaban toda la vida allí apoyados. Quienes me conocen sabrán bien (gracias a la efectividad de la repetición) la marca dejada por estos hallazgos.

Puede que tras el ansia de que quienes quieres también lean, se esconda el deseo de regalar a otro la sensación de pisar la arena en el mismo momento en que se retira la ola, dejando una huella llena de destellos de luz cambiante, como son esas primeras lecturas, esas futuras corrientes eléctricas. Y que de este modo, y con anterioridad a cualquier otra idea que llegue después, Los Urales siempre sean las montañas nevadas donde cazaba Pedro con su abuelo, un jabalí sea la comida preferida de Obélix, y Katmandú sea de donde partió Tintín en busca de Tchang.

Queriendo terminar en la infancia, me quedo con el olor de los libros nuevos de Tintín y la alegría que suponía, al cerrarlo, medir con los dedos todo lo que faltaba para terminar.

Escrito en Personal. 1 comentario

Una respuesta para “El primer mamut”

  1. Pepo Dice:

    Muy bonito sí señor.

    Desde aquí te animo a que sigas con ésto, en mí sabes que tienes un lector fiel. Es más, me motiva a recuperar el mío, aunque lo había enfocado más a divulgar música, literatura y videos de interés que a mis divagaciones personales, pero al fin y al cabo los dos intentamos lo mismo: hacer llegar a los demás lo que sentimos, sufrimos o disfrutamos, yo a través de una canción, y tú con tus escritos

    Un honor “desvirgar” los comentarios de tu blog… Y la ilusión que te hará el abrirlo pensando “Esto no lo ha leído nadie”, y de repente ver 1 comment jajaja


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